El año 2023 será, sin lugar a dudas, un año con mucho movimiento en los diseños curriculares costarricenses. Incluso, podríamos afirmar que este año será la tercera ola en la historia de los diseños curriculares desde finales de la década de 1970.
La primera Ola se dio en la década de 1970. Durante esos años, nuestro país vivió el mayor crecimiento en la tasa de cobertura de la educación preuniversitaria y universitaria y, claro está, implicó transformaciones en la estructura curricular nacional. El MEP consolidó el mayor crecimiento de la educación secundaria, Uladislao consolidó la visión integral al tenor de las reformas de la visión que Pepe sintetizaría como «para qué tractores sin violines», se desarrolló la diversificación de la oferta formativa (iniciada en la década de 1960) y se genera toda una nueva estructura curricular al son del enfoque práctico importado desde USA.
Por su parte, en la educación superior (universitaria), en el último quinquenio de la década de 1970 se dio la consolidación de la diversificación de la educación universitaria. En primer lugar, con la consolidación-apertura de nuevas universidades públicas (UNA, UNED, TEC) con una variedad de carreras para atender las necesidades el Estado de Bienestar; en segundo lugar, surge la primera universidad privada (UACA) que incluye un modelo de fusión de colegios-institutos que después, con los años, se separarían en universidades con sus propias razones de ser.
Este es un tema poco estudiado en nuestro país, desde una visión pedagógica, pero entre 1975-1985, la transformación de los diseños curriculares fue enorme en la cantidad y en las implicaciones. Eran años de la ebullición de las ofertas de carreras (crecimiento en matrícula y oferta), del surgimiento de nuevas formas de educación (manifiesto de Tilarán como antesala), del imperio del modelo práctico curricular importado desde USA por los estudiantes de posgrados que volvían al país, del surgimiento de experimentos que serían perdurables (por ejemplo el Seminario de Realidad Nacional), de los movimientos sociales y sus respuestas desde la academia, etc.
Posterior a esa década, nuestro país vivió la Segunda Ola entre 1995 y 2005. Esa ola estuvo caracterizada por la llegada de Intel a Costa Rica y la respectiva transformación de las ofertas en el MEP (experimentales bilingües y colegios técnicos) y universidades públicas (cambio de enfoques de oferta tecnológica y atención a necesidades de mercado); así mismo, durante esa década se consolida el surgimiento de gran parte de las universidades privadas y las respectivas carreras (no existe otra década, en la historia costarricense, con la aparición de tantas carreras en tal diversidad de universidades). Esta década merece un análisis curricular en posteriores publicaciones.
La tercera Ola de diseños curriculares inició en 2020 y podría extenderse hasta 2030. Esta ola está caracterizada por la virtualización de la oferta impulsada durante y post pandemia COVID 19; claramente, por las circunstancias de la pandemia, los primeros movimientos fueron erráticos y no planificados (2020-2021) pero a partir de 2022 se consolidó una visión de transformación de la oferta presencial a virtual con la configuración de entes reguladores (CONARE y CONESUP), sistematización de procesos y reglas de juego y una mayor demanda de la población estudiantil para la virtualidad.
Durante este primer quinquenio, más de 2000 carreras iniciarán el proceso de virtualización. A diferencia de lo vivido entre 2020-2022, ahora se consolidarán enfoques de virtualidad, una propuesta metodológica y una estructura de diseño curricular para carreras (creación y actualización de oferta) y, es probable, que entre 2025-2030 se consolide la transformación didáctica con un renovado cuerpo docente. Pero la virtualidad no será el único cambio de los diseños curriculares, competencias y STEAM avanzarán a pasos agigantados mientras que ingresa la transformación de la educación a distancia extra territorial (ofertas universitarias y técnicas brindadas en diversas plataformas no costarricenses).
En este escenario, resulta necesario que las personas curriculistas en Costa Rica asuman un posicionamiento reflexivo (teoría curricular) con implicaciones en la transformación de las premisas del diseño. EL gran dilema es que el diseño curricular se ha basado, hasta ahora, en premisas de 1970. Claramente, esas premisas ya no soportarán la nueva educación 2030… justo por eso, es el momento de grandes curriculistas y no de técnicos curriculares.
Saludos,
Dr. César Toruño Arguedas