Si le pregunta a un curriculista, ¿dónde se origina este concepto y esta área pedagógica?, su respuesta le dirá una información explícita y, al mismo tiempo, información implícita vinculada con las capacidades de razonamiento, posición ideológica y pensamiento crítico. Por tanto, me permito escribir este texto como una invitación a la reflexión de las premisas sobre el origen del currículo o del currículum.
Del lugar común. En los libros que he leído, en las clases de currículo en la universidad y en algunas conferencias sobre temas curriculares, siempre fue común encontrar esta explicación: el currículum surge en la Grecia Clásica (primeras insinuaciones de universidad y estructura de disciplinas en la formación general), se expande al Imperio Romano y durante la Edad Media se estructura con disciplinas básicas donde se incluía matemáticas, latín, religión y otras.
Esta es una explicación eurocéntrica que logra hilar una vinculación entre el currículum y los procesos históricos de esta zona geográfica, que ha logrado calar en las interpretaciones que realizamos desde los “otros” países. Esto lo logra a partir de absorción acrítica de los postulados de esta narración.
Del concepto de currículum. Lo que hoy entendemos como currículo no puede ser extrapolado a cualquier período histórico previo al siglo XX, por tanto, debemos asumir un concepto generalista que nos permita comparar los posibles currículos surgidos en diversas regiones.
Una propuesta mínima de concepto, visualizaría el currículum como una propuesta de educación (institucional o no) que incluye los contenidos básicos de una selección cultural relevantes y pertinentes para la sociedad y que se estructuran en áreas o disciplinas de conocimientos. Con esta definición, podríamos incluir a la Grecia Clásica con la propuesta socrática y platónica, una Roma Imperial con una propuesta de instituciones en algo parecido a los sistemas educativos modernos, los monasterios medievales y su sistema de educación fracturado (islas de monasterios por toda Europa).
La inconsciencia. Esta propuesta de definición curricular tiene un componente no explícito fundamental: la inconsciencia sobre el currículum. Es decir, las sociedades y personas no tenían conciencia (o al menos no tenemos un registro en otras zonas) que estaban desarrollando un currículum ni que eso era una parte vital de su estructura de control, planificación y ampliación del sistema educativo o de las propuestas educativas que estaban implementando.
Nuestros currículos. Aceptada la definición anteriormente expuesta, podemos afirmar que todas las grandes civilizaciones del mundo tuvieron alguna estructura curricular que, a breve componente de descripción, podría tener los siguientes antecedentes: las sociedades alcanzaron un poderío militar, económico, cultural y poblacional con centros urbanos que, a su vez, permitió el desarrollo de una estructura de trabajo, diversificación de funciones y construcción de una estructura simbólica.
El avance de esas sociedades permitió el surgimiento de áreas de conocimiento vinculadas con religión, astrología-astronomía, militar, agrícola, idioma, arquitectura, etc. La acumulación y la reproducción de ese conocimiento exigió la constitución de centros de formación especializada, las cuales (probablemente) se estructuró en temáticas, áreas, contenidos, competencias, etc.
Dicho esto, podríamos pensar que civilizaciones como los Aztecas e Incas alcanzaron ese nivel de desarrollo para gestar un currículo, aunque otras civilizaciones contemporáneas (y enemigas) también pudieron alcanzarlo. Incluso, podríamos debatir si en Costa Rica existió una estructura social favorecedora de la estructura curricular con casos como Guayabo.
Ahora bien, en nuestro continente las civilizaciones no lograron dejar una huella clara de sus propuestas educativas debido a la destrucción provocada por la conquista (sumado a la sistematización de su cotidianidad mediante manifestaciones escritas) pero en otras regiones como Asia y África si existe sistematización de información de estructuras educativas con miles de años en las cuales es implícito el desarrollo curricular. Por tanto, no podía suponerse que el origen curricular sea únicamente europeo, mucho menos en comparación con civilizaciones de Asia (China y Japón) y África (Egipto) las cuales en el momento de la Grecia Clásica ya tenían un largo recorrido histórico y cultural.
Del curriculista. Lo expuesto en este pequeño artículo nos expone a un grave problema dentro del gremio curricular, en el cual las personas que ejercen como curriculistas no realizan un procesamiento crítico de la información. Siempre se nos ha dicho que el origen del currículum es uno y generalmente no cuestionamos esa narrativa, tampoco ejercemos como investigadores para tratar de encontrar las formas curriculares originarias en nuestras regiones y, por si fuera poco, reproducimos una narrativa evidentemente etnocéntrica y hasta colonialista en algunas temáticas.
A modo de conclusión. Podemos afirmar que no existe un origen único del currículum y que la postura eurocéntrica es válida para esa región, pero necesitamos crear nuestra propia historia curricular. Comprendiendo que esos currículos responden a una interpretación amplia del concepto y que, no en pocos casos, encontraremos problemas para describirlo por la ausencia de evidencias o evidencias no estructuradas es; sin lugar a dudas, una tarea pendiente en la construcción de nuestras visiones curriculares.
Saludos,
Dr. César Toruño