El día de hoy, la Nación ha publicado una noticia que podría ser el inicio de otro gran cisma curricular en la historia de la educación superior costarricense. Sintetizando la noticia, se indica que una prueba diagnóstica realizada por la UCR arroja resultados devastadores con una mayoría de estudiantes de primer ingreso con unas muy débiles bases académicas.
La situación no sorprende. Desde que el MEP cerró el curso lectivo en mayo de 2020, se han tomado todas las decisiones posibles para generar un desastre educativo sin comparación histórica. Entre las acciones que han generado el desastre están: cierre de la presencialidad por uno de los períodos más largos en occidente, improvisación con la implementación de la virtualidad-mixto, improvisación con la evaluación, ausencia de evaluación de daños, sobre carga docente, promoción masiva, cambio de gobierno con carencias vitales en la visión educativa, ausencia de seguimiento-evaluación y planes de nivelación en la actual administración, quiebra del MEP, 40% de estudiantes en condición de pobreza, ruptura social (violencia-desempleo-desigualdad), entre otros.
Lo anterior es muy relevante para explicitar lo siguiente: la crisis educativa que está llegando a las universidades es una crisis educativa integral con diversidad de causas. Insisto, no es una crisis pedagógica o una crisis de contenido, es una crisis educativa. Quien asuma esto como una crisis pedagógica o de contenidos, planteará soluciones inviables o sin implicaciones reales.
Una crisis educativa de esta magnitud genera cismas curriculares o reformas de gran calado que alteran el ADN de una universidad. En el caso de la UCR, se han vivido 3 grandes cismas curriculares en tres diferentes crisis.
Cisma Humanista. En la década de 1950, con los efectos de la guerra civil aún frescos en la sociedad (incluyendo la persecución política a opositores), la consolidación de un nuevo proyecto hegemónico y el inicio de la expansión de la educación secundaria y universitaria; la UCR enfrentó los cambios de contexto con una reforma curricular estructural que incluyó el sello Humanista y creó los cursos de humanidades.
Cisma ALCOA. El final de la década de 1960 marcó al país y sus juventudes, movimientos revolucionarios en América Latina, el Mayo Francés, el movimiento Hippie y rupturas culturales, fueron el contexto de una juventud que comenzó a romper los códigos costarricenses. Estas nuevas juventudes tuvieron como hito la lucha contra ALCOA. Esas nuevas juventudes ingresaron a la UCR a finales de 1960 e inicios de 1970 e impulsaron (junto a intelectuales referentes de la época que ejercían labores en la UCR) la segunda reforma de las Humanidades con la creación de los repertorios (un espacio pensado para debatir y actuar sobre las realidades).
Crisis de 1990. Producto de la década pérdida (a raíz de la crisis económica) y la crisis educativa integral generada en todo el sistema preuniversitario, así como los duros recortes impulsados por los Chicago Boys Ticos, la UCR y las demás universidades enfrentaron un ajuste pedagógico pero mantuvieron sus estructuras curriculares hasta 1996, cuando se da el tercer gran cisma curricular (el cual merece un texto aparte).
En 2022 y 2023, la UCR recibe el gran impacto de la ola de la crisis educativa y, al igual que en las anteriores crisis educativas, se podría traducir en una gran reforma curricular para transformar la estructura de cursos de primer nivel. Posiblemente surjan cursos de nivelación y propuestas de acompañamiento; sin embargo, también podría surgir una transformación de los cursos de las Humanidades desde un enfoque distinto al histórico.
Mientras en la década de 1950 y 1970 se estructuró una propuesta para que la universidad respondiera a nuevas juventudes con un capital cultural más alto y expectativas más complejas; la respuesta de la UCR hoy en día sería (por primera vez en la historia) una respuesta que no pretende ampliar una expectativa alta y no respondería con una estructura de cursos del humanismo clásico y de transformación. Sin duda, curricularmente hablando, la UCR abre un interesante y apasionante debate que nos permite (a los curriculistas) presenciar y analizar un proceso educativo histórico: el cisma curricular.
Saludos,
Dr. César Toruño