En este momento, en alguna parte del país hay un curriculista diseñando, analizando o evaluando una propuesta curricular; sea una reforma preuniversitaria, un técnico parauniversitario o una carrera universitaria. Pero ¿para qué y qué están diseñando?, esa pregunta no está siendo debatida y puede lanzar a la basura todos los esfuerzos.
En los últimos 3 años, la educación vive la mayor transformación en toda su historia. La pandemia aceleró el ingreso de la virtualidad parcial o total; la oferta de carreras universitarias virtuales se ha expandido a un nivel que compiten o superan a la educación presencial. Por si fuera poco, en los últimos 10 meses, las inteligencias artificiales han alcanzado un nivel de acceso público y complejidad no imaginados por la mayoría de las sociedades.
ChatGPT es solo un reflejo del gigante tecnológico que está llegando y que destruirá lo que quedaba del viejo régimen social. En la década de los noventa, el cambio fue acceso a equipos (tener computadoras) y el manejo de paquetes de oficina (saber excel y word era necesario y motivo de capacitaciones); en la década del 2000 vivimos el acceso a internet (en su momento se denominaba el mundo de la información disponible) y en la segunda década del 2000 vivimos el acceso masivo de teléfonos inteligentes y la mejora de equipos tecnológicos (portátiles y tabletas). Esos cambios implicaron reformas curriculares en la educación pre universitaria (la mejora de los programas del PRONIE de MEP-FOD) y universitaria (desarrollo de más carreras tecnológicas, inclusión de cursos para manejo de tecnologías y el paulatino ingreso de tecnologías desde base de datos hasta el inicio de aulas virtuales).
ChatGPT y los diferentes modelos de inteligencia que estamos viendo surgir en este momento (en los últimos 10 meses) no son nada parecido a lo que conocíamos. Sistemas que logran responder como un ser humano, redactar textos y crear imágenes-videos a partir de solicitudes específicas, creación de artículos-ensayos-tareas-tesis, responder pruebas, etc. Las inteligencias artificiales implican una transformación de fondo en todas las interacciones educativas, un estudiante puede realizar cualquier proceso de mediación y evaluación con ayuda de las IA, incluso puede delegar totalmente parte de las mediaciones y evaluaciones.
Ni Tyler, ni Taba, ni Stenhouse ni Gimeno ni ningún curriculista previó que algo así podría suceder. Ante una revolución del conocimiento y mediación como lo que implica las IA, el currículo se revolucionará en todos sus apartados: ¿cambiará el enfoque epistémico? ¿se integrará una nueva fuente y un nuevo fundamento? ¿cambiará las reglas de selección y organización de contenidos? ¿cambiará la metodología? ¿cambiará la evaluación?, la respuesta a todas las preguntas es sí. También cambia el perfil de salida y, con ello, los planes de estudio, cambia todo.
Y lo anterior es solo una parte pequeña de toda una avalancha que se viene. En 5 o 10 años, las IA habrán transformado aspectos esenciales de la convivencia humana y del sistema educativo; ya no será un chat al que le preguntaremos información sino sistemas con los que podremos interactuar, que podrán simular ser personas y hasta ser docentes; serán sistemas que ofrecerán respuestas «mágicas» a necesidades cotidianas y habrán desplazado necesidades académicas consideradas básicas hoy en día (en el siguiente post hablaré de un ejemplo de esto)
Más grave aún es asumir que el cambio que está surgiendo en el currículo como producto de las IA se limita a la inclusión de estas herramientas en la didáctica de las aulas. ¡Estamos condenados si pensamos que el debate debe ser lo didáctico de las IA! No, no y no. El debate es mucho más profundo y afecta a toda la estructura curricular.
Hablamos de una revolución curricular en todos los componentes del diseño curricular. Cualquier curriculista serio e inteligente debería pausar todos los procesos de reforma curricular para cuestionarse el rumbo que su Ministerio o Universidad tomará en los próximos años, pues en este momento se cuestiona hasta asignaturas en sí mismas, se cuestiona cosas que debamos por verdades absolutas. ¡No podemos diseñar pensando en la necesidad inmediata! Para diseñar el currículo se requiere pensar, analizar, evaluar y proponer ante las realidades y los cambios que enfrentamos como sociedad.
Sobre este último particular, comentaré en el siguiente post.
Saludos,
Dr. César Toruño