En 1948, cuando Tyler propuso el Enfoque Técnico del Currículo y la visión intrínseca de diseño curricular, la educación se debatía pocas innovaciones de fondo. Los currículos eran los que eran, había que enseñar Ciencias, Matemáticas, Idioma y otros en pre universitaria y en las universidades ya las grandes carreras estaban establecidas; era la época de las grandes certezas educativas: sabíamos qué enseñar, cómo eran las asignaturas y cómo se enseñaría. Incluso, en los fundamentos (el gran referente de Tyler) se reconocía áreas del saber perennes.
Pocos años más después, llegaría la revolución tecnológica y la guerra espacial; la guerra Fría y las revoluciones en el «tercer mundo», se despertó el mayo francés y las universidades hervían de cambios en modelos y carreras. En 1962, Taba trató de contener el cisma curricular con la propuesta más elaborada de diseño curricular, pero los cambios llegaron y abatieron la vieja forma de diseño curricular; surgió el enfoque Práctico del Currículo con Stenhouse como referente en la década de 1970.
El Enfoque Práctico del Currículo gobernaría los diseños curriculares occidentales desde la década de 1970 hasta el presente. Sin embargo, en el fondo, seguía el problema de fondo: la época de las grandes certezas educativas pues sabíamos qué enseñar, cómo eran las asignaturas y cómo se enseñaría. En realidad, pocos cambios se dieron en las grandes certezas entre 1948 y 1990. El constructivismo llegó y tomó la pradera educativa pero se seguía enseñando igual, se crearon nuevos valles temáticos (carreras vinculadas a las ciencias, matemáticas e ingenierías) pero las viejas carreras se mantenían incólumes y se insertaron más espacios para artes, letras y músicas pero sin alterar la distribución de cursos.
En el caso costarricense, entre 1949 y el 2005, podemos ver el ejemplo de dos asignaturas que sufrieron la muerte lenta e irrelevante. La primera fue la gran asignatura del viejo régimen: filosofía. Reina de la educación liberal y referente en todas las propuestas curriculares desde la gran reforma de 1886 hasta la gran crisis económica de los ochenta; ya en los 80 llegaron los neoliberales y la globalización, se consideró que las personas no ocupaban la filosofía para ser productivos y se fue descartando poco a poco.
La otra asignatura fue mecanografía, referente del ascenso social en los sesenta y setenta, se convirtió en un fósil viviente la entrada de las computadoras en la década de los noventa y fue muriendo lentamente. Un destino similar sufrieron Hogar, Industriales y hasta ciertas asignaturas técnicas vinculadas con los viejos sistemas productivos; paralelamente surgieron otras carreras técnicas y se fortalecieron inglés o computación.
Los dos ejemplos anteriores tienen sus correlaciones en las universidades y comparten dos características básicas: no afectó la gran estructura de diseño curricular (esencialmente, se seguía diseñando bajo los mismos parámetros) y fueron procesos lentamente desarrollados (tanto las que murieron como las las que nacieron) por lo que existió un tiempo de asimilación social sobre los cambios.
Pero el 2023 nos ha presentado un cambio tecnológico-productivo y social que cuestiona las grandes certezas educativas pues sabíamos qué enseñar, cómo eran las asignaturas y cómo se enseñaría, ahora las Inteligencias Artificiales y la masificación de acceso a tecnologías (como teléfonos inteligentes) cuestiona el qué enseñar (contenidos y competencias), cómo son las asignaturas y cuáles son las necesarias y, claro está, cómo enseñar a estudiantes que tienen la respuesta a un clic de distancia.
Miremos el inglés como ejemplo de esta transformación. En nuestro país, durante las últimas 3 décadas, se han hecho enormes reformas educativas en el MEP y las universidades para mejorar el aprendizaje de una segunda lengua (inglés, especialmente). El MEP aumentó las lecciones, pidió mayor formación a docentes, creo centros bilingües, etc; las universidades crearon cursos, establecieron el requisito del idioma y hasta se declararon bilingües (en algunos casos). Este proceso marcó todos los diseños curriculares y les afecto en todas sus dimensiones: justificación, perfiles, objetivos, competencias, marcos teóricos, mallas, cursos, ejes, etc.
Ahora, con las inteligencias artificiales estamos a años (tal vez un quinquenio) de que el dominio de un idioma sea innecesario ante teléfonos y audífonos que realizarán traducciones simultáneas, tal cual hemos visto que ya se realizan mediante plataformas como Teams o Zoom, también asistiremos a una posibilidad de traducción y escritura en segundo idioma con uso de Inteligencias Artificiales y etc. Cursos de inglés podrían estar condenados como la mecanografía ante el ascenso de las nuevas tecnologías.
Se dirá, al igual que se dijo para la filosofía, de que se aprenden otras competencias más allá de los contenidos; de que se vive la cultura inglesa, de que son habilidades comunicativas esenciales, de que motivan el desarrollo cognitivo… de que… de que… pero, serán lemas para tumbas. Ese es un gran debate pero no es el debate de los curriculistas.
Los curriculistas deberíamos estar discutiendo ¿si las IA y la tecnología hacen innecesario el inglés en la práctica cotidianas de las personas (un trabajador ya no ocuparía saber inglés para atender a un estadounidense o un turista no ocuparía saber inglés para viajar tranquilamente por Inglaterra) entonces ¿significa la eliminación de la asignatura en MEP y Universidades? ¿implica disminución de códigos y despidos docentes? ¿cambiará el perfil de salida y estructuras de mallas? Todavía más importante, si un curriculista está diseñando una carrera hoy en día ¿pondrá 4 cursos de inglés pensando que será requisito tener un dominio B1 y omitirá que las tecnologías podrían desplazar esa necesidad? ¿Recomendaría al MEP abrir más códigos de inglés, francés y otros idiomas?
Y digo inglés como podría decir otras asignaturas del MEP o cursos universitarios que podrían ser desplazados en menos de una década. Por tanto, las IA vienen a redefinir todas las reglas del diseño curricular y realizarán la primera gran revolución del sistema educativo moderno (desde 1789), para el curriculum serán el equivalente del descubrimiento del fuego para la humanidad, con lo bueno y malo que eso implica.
Saludos,
César Toruño