Cuarenta mil años han pasado para vivir otra transición tan brutal como aquella. En aquellos tiempos eran dos especies humanas que se encontraban: Neardentales y Homo Sapiens; muy parecidos pero definitivamente diferentes.
Hemos superado los estigmas sobre los neandertales. Cada vez hay más artículos científicos que nos muestran a «nuestros primos» como seres con grado de complejidad, organización tribal-comunal, un grado de cultura y, probablemente, lenguaje. Durante años creímos que los Sapiens habían barrido violentamente con sus pares, gracias a su mayor dominio de herramientas, violencia estructurada en grupos y capital cultural, se creía que habían ejercido violencia cuasi exterminadora sobre los Neardentales; cosa que no fue totalmente cierta.
Los estudios recientes lanzan diversas hipótesis sobre la extinción de los Neardentales: un cambio climático, situaciones de escasez alimentaria, migraciones, los Sapiens y la lucha por territorios, etc. Seguramente, varias causas interactuaron en la extinción de los Neardentales. Y pienso en este proceso histórico desde mi vivencia, soy un Neardental.
Recientemente he retomado estudios universitarios de grado (Bachillerato) en una carrera ajena a mi formación. Llego a estos grupos con 40 años, con un capital cultural acumulado por la experiencia y con la vivencia de haber vivido la transición tecnológica-cultural de nuestro país cuando ya era adolescente. Llego como un Neardental.
Mis compañeros, Homo Sapiens Tecnológicos, son jóvenes de 18 a 22 años. Estar entre ellos es el equivalente al proceso vivido hace 40 mil años. Hablamos idiomas similares pero ellos tienen un dialecto particular, tenemos la misma base física pero ellos y ellas se ven más fuertes, altos, guapos; tenemos la misma cultura base pero ellos tienen sillas gamer, luces de colores en sus cuartos, fondos animados, personajes virtuales; interactuamos con similares pero ellos tutean, se igualan a sus profes y mayores, no temen; tenemos acceso a la misma tecnología pero yo construyo palos para lanzas mientras ellos miran televisión online, expolian con chatgpt, conquistan con redes y matizan la vida desde la imagen.
Su evolución ha sido distinta, muy distinta. Ellos envían todo por WhatsApp y en una sola lectura, yo sigo saturando mi celular con memes de hace años que no he borrado ni sé dónde están; ellos saben que existe una herramienta para hacer una tarea más fácil, yo sigo leyendo para resumir; ellos saben que la inteligencia artificial ofrece respuestas a todo, yo con costo y sufrimiento aprendí a usar algunas herramientas de google. Soy demasiado joven para estar destinado a la obsolescencia programada, me digo; eres muy viejo para la vida, pensarán ellos.
Muchos de mi edad, es decir otros Neardentales que comparten este territorio con estos chicos en las aulas, hacemos lo mismo que los Neardentales de hace milenios: nos arrinconamos a un territorio (escritorio), buscamos otros como nosotros (viejitos de más de 35), hablamos mal de los Sapiens Tecnológicos y tratamos de alimentarnos lo más posible de cada clase aunque sabemos que por cada comida servida, ellos (los Sapiens Tecnológicos) han comido 10 veces más gracias a la tecnología.
Pero mi caso es más particular, soy de la especie de Neardentales Curriculares. Una especie que diseña carreras, piensa el currículo universitario y plantea los requerimientos básicos de la formación que deberán llevar estos Homo Sapiens Tecnológicos. Hasta hace dos años, podía hacer cualquier tarea curricular con tranquilidad sabiendo que mis conocimientos teóricos y mi experiencia de vida me permitirían ofrecer una alternativa pertinente y relevante; pero luego de compartir como par en las clases con estos Sapiens Tecnológicos, me doy cuenta de que no conozco la nueva generación que está surgiendo.
No comprendo su visión de mundo, sus habilidades, destrezas, actitudes, argumentos, capital cultural, sensibilidades ni aspiraciones. Es como si me pusieran a diseñar una Jaula para un Kanguro; conozco al animal por la televisión y programas que he visto en mi vida pero nunca he visto uno en vivo, jamás fui a Australia ni comprendo su dinámica entre Kanguros. ¿Acaso puedo decir que sé lo que ocupa un joven de 20 años en 2023 por yo haber sido joven en 2003?
La experiencia de estar en este proceso me pone frente a dos realidades: soy Neardental y por tanto estoy en proceso de extinción y, en segundo lugar, soy curriculista pero no comprendo el corazón del currículo (las personas estudiantes y su vivencia) que surge en esta nueva generación. Para la primera realidad, no queda más que prepararme para el cataclismo de la edad, la pensión y el olvido; para la segunda todavía se puede hacer más.
Los curriculistas debemos teorizar mas sobre esta transición, investigar sobre la realidad emergente y sus implicaciones en el currículo; realizar estudios no participantes o participantes (como mi caso al llevar esta carrera) con jóvenes para tratar de comprender esta nueva cultura e interacción que está surgiendo en tribus urbanas, desarrollar metodologías para mantener un acercamiento a la realidad, sistematizar propuestas proyectivas y, ante todo, crear canales de comunicación con estudiantes, familias, docentes y administrativos de universidades para esbozar las características del nuevo mundo que surge.
Como Neardental Curriculista me extinguiré, pero mis diseños curriculares no necesariamente deben seguir ese proceso. Nuestras teorías curriculares, nuestros diseños curriculares y nuestras prácticas de planificación curricular pueden sobrevivirnos siempre y cuando busquemos que sean flexibles, pertinentes, relevantes y significativas.
Saludos,
Dr. César Toruño