MEP y las 3 señales del fin de la administración Müller


En astronomía se considera un verdadero privilegio poder contemplar el fin de una estrella especialmente su explosión. En educación sucede lo mismo cuando contemplamos el fin de una administración educativa mucho antes de su cierre oficial. Ese es el caso de la actual administración del Ministerio de Educación Pública.

Durante el mes de junio se han visto tres señales claras e inequívocas del fin de la Administración Müller en el Ministerio de Educación Pública. A saber: 1) las ausencias de reformas en los programas de asignaturas, 2) el recorte brutal para el Ministerio de Educación Pública 2025 y, 3) la ausencia de la Ministra en el debate público.

Para comprender este análisis debemos de partir de dos ideas que son opuestas en sí mismas; la primera es lo que denominaríamos la administración del sistema Educación Pública y la segunda le denominaríamos la gestión de la política pública educación.

La administración de un sistema educativo es una acción de rango menor que puede ejecutar una autoridad o un mando medio e implica el mantenimiento cotidiano de la estructura de ese sistema mediante la asignación de los recursos económicos, personal y el seguimiento de procesos básicos. Por su parte, la gestión de la política pública es un rango superior e implica que una autoridad designada por el poder ejecutivo detenta el poder suficiente para poder planificar y operacionalizar reformas de calado dentro del sistema educativo con afectación directa en elementos como los diseños curriculares, presupuestos, recursos humanos y otros.

Lo que propongo en este este análisis es que la actual Ministra y su equipo de trabajo han renunciado a la gestión de la política pública en educación para centrarse únicamente en la administración hasta que finalice su mandado. Para tal fin, analizaremos las tres señales que se han dado en junio de 2024.

Ausencia de reformas académicas

El sello diferenciador de cada administración y gestión de la política pública en Costa Rica ha sido la creación de reformas académicas vinculadas con los cambios en los programas de las asignaturas. Durante los últimos 15 años hemos tenido reformas académicas vinculadas con ética estética y ciudadanía de la administración de Leonardo Garnier, también tuvimos transformación curricular y nueva ciudadanía de las administraciones de Sonia Marta Mora y Giselle Cruz e incluso siendo generosos podríamos encontrar al inicio del siglo XXI lo que se denominó la educación hacia el siglo XXI de Guillermo Vargas y Manuel Antonio Bolaños.

En tiempo recientes, es decir en las últimas tres o cuatro décadas, no habíamos tenido una administración y una gestión de la política pública de nuestro sistema educativo que renunciara a la implementación de reformas de calado en las asignaturas y sus programas de los diferentes niveles. Hasta ahora.

El pasado 30 de junio era el último día que tenía la actual administración del MEP para presentar reformas a los programas de las asignaturas (la ley de editoriales exige que las asignaturas que tienen libros de texto ofertados por editoriales privadas o públicas deben ser informadas del nuevo programa para poder implementar los cambios en los libros) que quisieran reformar para 2025. Contra todo pronóstico, la actual administración se abstuvo de presentar alguna propuesta y por ende sólo podría reformar programas de asignaturas para febrero de 2026, es decir, sería muy tarde.

Resulta incomprensible que la actual administración hubiese renunciado a presentar reformas justo en un contexto donde sectores académicos y sociedad civil en general exigían una intervención de reformas académicas para promover la nivelación Pos apagón educativo y post pandemia, así como para comenzar a enfrentar retos urgentes de la formación para la vida y el trabajo que se encuentra pendientes dentro del Ministerio de Educación Pública.

Por tanto, académicamente la Administración Müller ha cerrado sus puertas más importantes y da por terminada su labor. A lo sumo, ofrecerá pequeñas medidas específicas pero ya no se presentará ninguna reforma estructural de los programas de estudio.

El brutal recorte de los presupuestos

Por órdenes del Ministerio de hacienda el Ministerio de Educación Pública procederá realizar un recorte de 65,000 millones de colones a su presupuesto para el año 2025. Recordemos que desde la administración de Guiselle Cruz se ha venido aplicando un freno a la inversión en la educación pública (se invierte lo mismo pero el PIB crece por lo que el % baja año a año a pesar de las crecientes necesidades materiales del MEP) y claramente esos frenos-recortes están afectando los procesos tangibles en el MEP.

Al aceptar este recorte, la administración Müller renuncia a las posibilidades de salvar algunos muebles del incendio que se vive en la casa del Ministerio de Educación Pública. Con un recorte esta magnitud, no podrá implementar mejoras en procesos académicos ni en salarios docentes ni en programas de equidad y, mucho menos, en implementación de innovaciones de política educativa.

Ante la ausencia de reformas académicas a los programas de las asignaturas del sistema educativo preuniversitario, cualquier analista externo hubiese pensado de que la administración iba a tratar de manejar un presupuesto más amplio para poder dar una imagen de Avance en el último año del gobierno pero no fue así. Con un recorte de esta magnitud, la Ministra renuncia a impulsar algún nuevo programa, debilita las posibilidades de fortalecer algunas acciones claves de su legado e incluso dispara contra posibles acciones de lo que denominaría la Ruta de la Educación.

Es probable que la administración esté pensando que podrá salvar algo de la imagen con la infraestructura construida con el préstamo de 700 millones de dólares que aprobó la asamblea legislativa (de los cuales una parte irá para infraestructura educativa). Sin embargo, es claro de que no existe las condiciones de gestión propias para asegurar que es infraestructura educativa sea construida antes de mayo del 2026 y tampoco ha sido debatido si es infraestructura es está construida sobre los diseños que planteó la administración de Leonardo Garnier y Sonia Marta Mora para lo que en sus momentos se conoció como el fideicomiso educativo.

Sin reformas académicas de fondo y calado; sin presupuesto para impulsar proyectos o acciones, entonces ¿qué podrá hacer la administración este último año? Pues eso, administrar.

La ausencia de la ministra

En política es tan importante hacer cómo comunicar lo que se hace y este ha sido uno de los elementos más débiles de la actual administración. Durante los últimos meses hemos visto una estrategia de comunicación donde la ministra evita aparecer en entrevistas en medios masivos de comunicación y redes sociales para brindar explicaciones sobre temas sustanciales de la política educativa y de la administración del sistema en general

Durante los últimos meses se dieron temas de alta trascendencia como el salario global, las propiedades, los recortes presupuestarios, el fin del tiempo para presentar reformas académicas y discusiones sobre el rumbo de la educación costarricense ante ciertas necesidades; pero ante todo eso, la Ministra no ha tomado el protagonismo mediático necesario para aprovechar virtudes y corregir percepciones, lo cual debilita a su gestión y los productos de su administración.

Lamentablemente, al no aparecer en el debate nacional se la imagen de que se claudica. Esto afecta el posible legado y aumenta los ruidos internos de la guerra civil del MEP sobre la sucesión, nuevos sectores opositores y el ascenso de nuevas fuerzas.

Sin reformas académicas, sin presupuesto y sin protagonismo con una narrativa propia, pareciera que el rumbo que toman las autoridades es la de administrar los tiempos y procesos hasta que llegue mayo de 2026. Esto es una pérdida terrible para las autoridades y, al mismo tiempo, para el país en momentos donde se requiere la refundación del sistema educativo nacional.

Pero para mayo de 2026 quedan 22 meses, eso es mucho tiempo en política y en política todo puede suceder; así que no descartemos un escenario de toma de fuerza de la administración e incluso de avances en gestión. Todo es posible, aunque resulte menos probable.

Saludos,

Dr. César Toruño

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