Señora Ministra,
Con absoluta indignación he visto el video de la conferencia de prensa realizada en Casa Presidencial donde usted, junto al presidente, montaron un show inaudito para agredir a dos humildes funcionarios del MEP. Sin contemplación, sin humanismo, sin criterio técnico, sin criterio legal y sin apego al más básico principio ético, usted achacó a dos funcionarios el incumplimiento de un protocolo para atender una situación de agresión de un estudiante hacia una estudiante durante un viaje en el transporte escolar.
Señora Ministra, la acusación no solo resultó falsa sino que además resulta ser injusta y forma parte de una campaña anti persona funcionaria MEP. Durante los últimos años, la voz cantante o silencio cómplice de Ministros, Viceministros, Integrantes del Consejo Superior de Educación, Aristocracia de los Mandos Medios, Colypro, Sindicatos, Prensa y el hijo de cualquiera que se sienta con autoridad para opinar sobre educación, han sido parte de una campaña de desprestigio contra las personas funcionarias y, en especial, contra las personas educadoras que utiliza narrativas, gestos y hasta legislaciones como la horripilante Ley 9999.
Seamos honestos, usted no habría lanzado una ataque tan feroz contra dos humildes funcionarios del MEP sino tuviese la certeza de que, como siempre, Colypro guardaría silencio y los sindicatos simplemente harían «comunicados» para fingir una oposición. Usted ya sabe como se maneja el poder en el MEP y en las organizaciones magisteriales, por eso hizo lo que hizo y sabe que no pasará nada.
Yo no soy nadie, ni represento a uno de los gigantes sindicatos que obtienen millones de dólares por años gracias al pago de sus afiliados ni represento al innombrable Colypro ni pertenezco a ningún grupo político o de presión. A lo sumo, podría decirle que soy un posible candidato dentro de las elecciones de Colypro, pero esa información seguramente le resultaría innecesaria. Sin embargo, hay algo que me permite escribir este texto: soy educador e integrante del sistema educativo costarricense.
Le cuento algo: Soy educador por elección y vocación. Por elección por cuanto a pesar de tener posibilidad de estudiar carreras “socialmente reconocidas” o con futuros cómodos desde una oficina o un escritorio, escogí la educación es decir, escogí estar en el frente de las batallas por el progreso del país. Por vocación pues he ejercido mi actividad comprometido con un ideal de incidir positivamente en cada estudiante y, por ende, en el país en general, por vocación sufrí el ser interino durante años aceptando reglas de nombramiento injustas (cambio de cantidad de lecciones, lugares y hasta condiciones), he laborado en instituciones en diferentes partes del país (incluso en varias al mismo tiempo) que apenas brindaban luz y agua y he soportado las humillaciones administrativas de un Ministerio que nos desprecia.
Lamentablemente, algunas personas han tachado docente con adjetivos negativos, nos culpan de los males del sistema educativo y nos condenan al desprestigio. Por esto, escribo este texto para tratar de explicarte lo injusto de las acusaciones y las “cosas invisibles” que se omiten de nuestra labor.
Las tres acusaciones más graves contra nuestro gremio es tacharnos de vagos, poco comprometidos o indiferentes y, por último, culpables de la mala formación de nuestros estudiantes. La primera acusación (vagancia) utiliza como excusa de las vacaciones (dos meses y medio al año)y la jornada laboral docente (menor a 35 horas presenciales); es cierto, que nuestro magisterio trabaja menos de 35 horas presenciales en el aula pero además de estar en el aula atiende padres de familias, entrega notas, hace el enorme papeleo administrativo del MEP (desde Becas hasta estadísticas), participa en varias comisiones (desde los desfiles del 15 de septiembre hasta organización de Bingos), organiza y asiste a actividades para recaudar fondos para el centro educativo, planificamos las clases (para quien no conoce este procedimiento, se basa en llenar unas plantillas que pide el MEP con detalle y que pocas veces revisan), planifica y revisa exámenes (un docente de colegio podría aplicar hasta 400 exámenes en una semana), planifica y revisa exámenes especiales (adecuaciones) y revisa tareas o trabajos extra clases. Un estudio de ANDE demostraba que la jornada laboral de un docente se duplica al contar las asignaciones no didácticas (fuera del aula), es decir, laboramos hasta 70 horas a la semana.
Además, las famosas vacaciones no lo son tanto. El magisterio sale el 18 o 17 de diciembre de cada año y entra, en teoría, la segunda semana de febrero. Sin embargo, si el docente tiene que aplicar exámenes de convocatoria, se debe presentar antes y, casi seguro, son convocados desde la primera semana de febrero para “limpiar y organizar”, así como lo escucha, lleva la tarea de volver a la “normalidad” la infraestructura. Sin olvidar que en enero los docentes prepara la planificación anual de las clases (planeamiento, materiales y otros). Por tanto, las famosas vacaciones son reducidas hasta en la mitad si se considera “las otras funciones”.
Y le digo más, ese magisterio que ustedes desprecian sostuvo el sistema educativo en plena pandemia, ha soportado inventos de cuanto ministro llega a dictar milagros desde sus oficinas de lujos, ha atendido a cada estudiante al que ustedes le han recortado becas y programas de equidad, reúne fondos para mantener la poca infraestructura del centro educativo al que ustedes le han recortados miles o cientos de miles de millones, ha soportado los embates de la violencia que aterrorizan al país e ingresan a cada centro educativo desde familias destruidas por la inequidad del sistema económico que ustedes defienden.
Señora Ministra, antes de lanzar las acusaciones contra dos humildes funcionarios de un centro educativo al cual, con certeza, usted nunca ha visitado, ¿usted preguntó por ellos? ¿usted sabe todos sus esfuerzos y todo lo bueno que pudieron hacer por las personas estudiantes desde sus centros educativos? Señora Ministra, antes de lanzar la amenaza de los disciplinarios ¿usted se tomó tiempo de saber quiénes son esas personas?
Le comentaba previamente que habían tres grandes acusaciones contra el magisterio. La segunda acusación es ser indiferentes o poco comprometidos con los estudiantes y el sistema educativo. ¡Cuánta mentira! Los y las educadores(as) son los únicos profesionales que, como norma de trabajo, invertimos recursos en la mejora de nuestros centros de trabajo. Invertimos recursos humanos para pintar nuestras aulas (y hasta barrer al finalizar cada día) y para organizar eventos de recolección de fondos, invertimos recursos económicos para la compra de material didáctico (desde copias para nuestros estudiantes hasta insumos que el MEP debería dar como pizarras y marcadores) y para ayudar a nuestros estudiantes. Así es, muchos ignoran o pretenden ignorar a los(as) educadores(as) que, sin hacer bulla, sacan dinero de sus salarios para pagar tiquetes para el comedor de estudiantes que lo requieran o para ayudar a un estudiante a comprar útiles.
La tercera acusación es, sin duda, la más grave. Se pretende culpar al magisterio de la mala formación de nuestros estudiantes como si todo el proceso de aprendizaje fuese responsabilidad del magisterio, esto es equivalente a que el país culpe a los nutricionistas de la gordura o a los cardiólogos de los infartos. Nosotros prevenimos la ignorancia y colaboramos en el aprendizaje pero hay factores del estudiante, la familia y el sistema que determinan los logros educativos.
Si nuestros estudiantes se niegan a hacer sus tareas (algo cada vez más frecuente) con impunidad familiar ¿qué podemos hacer?, si el estudiante invierte su tiempo libre en otras actividades y no realiza repasos de las materias ¿qué podemos hacer?. Si la familia del estudiante está desintegrada, si por trabajar más horas para llevar sustento a la casa los padres y madres de familia no pueden supervisar a los estudiantes en sus quehaceres, si las familias no promueven la lectura ni reivindican la formación educativa como importante en la vida, ¿qué podemos hacer?
Si el sistema educativo tiene guetos pedagógicos donde miles de estudiantes pobres reciben menos clases (en primaria es común las dobles o triples jornadas de 3 horas en vez de la sana y recomendada jornada de 7 horas), si los centros educativos de zonas pobres fueron abandonados y no tienen ventanas, luz, los techos se caen, los pupitres faltan o están dañados, si no hay material didáctico (ni un triste tele) o si los grupos están sobre cargados (más de 30 alumnos y algunos centros educativos con más de 40) ¿qué podemos hacer?
Si la violencia se expande por todo el país, si el 40% de las personas estudiantes son pobres, si la desigualdad crece rampante, si los medios de comunicación y redes sociales hacen altares a la violencia, si el MEP ha recortado el financiamiento y seguimiento de programas Convivir, FEA, Gobiernos Estudiantiles, Deportivos, si el MEP ha abandonado las capacitaciones al personal y ha recortado fondos de equidad, si todo esto pasa ¿puede el personal docente detener la violencia? ¿Usted cree que con un protocolo ya ustedes hicieron su parte como autoridades del MEP?
Se nos pide calidad en la formación de los estudiantes pero no se dan las condiciones mínimas y esto se demuestra en las brechas del sistema educativo público. Hay centros educativos públicos de primera con infraestructura de primer mundo, padres comprometidos, entornos sociales saludables y proyectos de centros educativos que tienen mejores rendimientos que los centros educativos privados pero, también hay que reconocerlo, hay centros educativos públicos de quinta y sexta categoría, literalmente galerones o jaulas educativas sin proyección de esperanza.
Y claro está, el magisterio no es perfecto. En nuestro gremio hay buenos, regulares y malos pero ¿acaso hay un gremio que nos tenga? ¿todos los médicos y abogados son buenos? Por supuesto que no. Pero mayoritariamente somos un gremio humilde dispuesto a esforzarnos para mejorar, desde llevar cursos de licenciatura y maestría que ni siquiera el MEP reconoce con el único objetivo de aprender hasta pagar capacitaciones sobre temas actuales o reformas de programas de estudio y, valga decir, cuando asistimos a una capacitación tenemos que hacerlo fuera de nuestro horario laboral, cosa que otros profesionales no hacen.
Somos un gremio que tiene grandes cosas y que puede ser motor de cambio y estamos dispuestos a asumir nuestras fallas, debilidades y errores. Exigimos dureza total contra quienes abusen del poder, se corrompan o cometan abusos contra nuestros estudiantes pero al mismo tiempo exigimos acompañamiento para mejorar los procesos de enseñanza, exigimos inversiones en infraestructura y materiales didácticos, exigimos disminución de estudiantes por grupo… exigimos que nos den las condiciones para alcanzar las metas que nos exige la sociedad. No hablamos de salarios ni prebendas para nosotros, sino de mejoras para todos(as) los estudiantes, funcionarios y comunidades. El magisterio no merece un linchamiento social ni clemencia, el magisterio exige un análisis justo, mesurado e integral de nuestro papel, de las responsabilidades en lo malo y en lo bueno y, principalmente, una participación activa para la construcción de alternativas.
Finalmente, señora Ministra, le invito a repensar su actuar. Antes de lanzarse a amenazar o atacar públicamente a humildes funcionarios de la institución, preguntese ¿será correcto mi actuar? ¿Será correcto lanzarme contra personas con 6 años de salarios congelados, tal vez con interinato de años, agredidos por el contexto de familias y sociedades, saturados de trabajo y papeleo? ¿Será correcto atacar a funcionarios que probablemente ganen menos que sus pares de salario único? ¿Será correcto? Porque señora Ministra, no olvide que detrás de esas personas hay una historia, hay años de labor docente y, probablemente, hay miles de acciones positivas que ni el MEP ni la prensa valoran; y no olvide que detrás de esas personas hay familias y una comunidad magisterial.
Saludos,
Dr. César Toruño
Es hora de unirnos.
Les pido unirse e invitar a otros colegas. Difundir información es la base para la segunda etapa: organizarnos.
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