Durante los últimos días se han incrementado los ataques contra la Ministra MEP, tanto de los bandos internos que viven la guerra civil casi interminable y de los bandos externos vinculados, ahora, con el FEES. Este texto pretende dar una nueva óptica en la discusión y abrir un debate necesario sobre el hecho de que la Ministra no es tan Mala como nos dicen.
La Ministra contra las cuerdas.
En el siglo XXI no ha existido una ministra o un ministro que haya sufrido una situación de «derribo» tan fuerte y estructurada desde los francos políticos, mediáticos e internos. El único caso anterior, es el que vivió Leonardo Garnier en los días de Procesos pero la intentona de golpe no logró calar (es importante decir que en ambos casos, el apoyo de la Presidencia de la República fue clave y que en el caso de Leonardo Garnier no existió una rebelión interna en el MEP).
Katherine Müller pasó rápidamente a ser un eslabón débil de la administración casi desde el momento 0, a dos meses de tomar el poder en 2022, el gobierno la lanzó como primer rostro de un ataque al FEES y a las universidades no visto en décadas (el intento de recorte más brutal propuesto por un gobierno desde la crisis de los ochenta) y su imagen pública se vio afectada en una lucha que era monetaria y en la cual no tenía gran influencia.
Después, se vinieron meses de ataques mediáticos y políticos para debilitar al gobierno. La consigna era hacer caer a autoridades de gobierno cercanas a la presidencia. El objetivo principal fue la ex Ministra de Salud y el segundo fue Ministra MEP; en este caso hay que admitir que los mayores ataques fueron diseccionados contra la ex Ministra de Salud por sus debilidades de gestión y argumentación mediática.
Finalizando el intenso 2022, Katherine Müller comenzó lo que sería un desastroso manejo de comunicación política que la haría ir tomando los focos de los medios; se inició con la intentona de Ruta de Educación para luego ir acumulando errores con frases o premisas que, aun sacadas de contexto, generaron un desgaste en su imagen. Los golpes mediáticos fueron constantes y alcanzaron el cisma de la gestión con las frases dadas en un congreso en una universidad privada; después de eso, ella tomó medidas de precaución como disminuir su presencia pública y declaraciones espontáneas en diversos medios.
Así las cosas, Müller es una ministra contra las cuerdas; con una presión mediática y social muy fuerte, casi 18 meses de un ataque dirigido al derribo tanto a lo interno como a lo externo y con severos errores en la estrategia de comunicación-gestión, pero ¿es suficiente para decir que es culpable de todos los males?
Ni tan mala ni tan buena
Los ataques a la ministra han sido totales, desde su manejo de la inteligencia emocional en oficinas centrales hasta la Ruta de Educación, sin embargo, las criticas más fuertes a nivel mediático y social están vinculadas con la crisis de la educación y la falta de planes (reformas académicas) para atender esa crisis, los recortes presupuestarios, el déficit en infraestructura, los recortes en programas de equidad y la crisis salarial docente. Si analizamos los criterios negativos sobre la ministra, podríamos analizarlos en tres categorías: personales, presupuestarios y gestión de la política educativa.
En relación con la gestión de la política educativa, las deficiencias son claras (incluso creo que ella misma debe reconocerlo en privado y seguramente asume el déficit de asesores de calidad que ha tenido para ejecutar planes). Pero, requerimos preguntarnos ¿es tan mala?, si lo vemos en un espacio temporal de un poco más de dos décadas y comparando la cantidad y calidad de las reformas académicas realizadas, esta administración es mala comparada a la ebullición de reformas de la época de Leonardo Garnier pero relativamente igual y comparable con las administraciones de Manuel Antonio Bolaños (2003-2006) y Guiselle Cruz (2018-2024) y un poco rezagada en comparación con la administración de Sonia Marta Mora (2018-2022) y la de Guillermo Vargas (1998-2002). Entonces, no sería tan mala ni tan buena, pero es probable que la lectura sobre su administración sea más dura por ser posterior a los 12 años dorados (Leonardo Garnier-Sonia Marta Mora), a los años terribles de la pandemia y la gestión de Guiselle Cruz y, claro está, por la imagen social cuestionada por sus declaraciones.
Incluso, me permito agregar un elemento que no ha sido considerado en el debate contextual de la actual administración. El gobierno Müller en el MEP ha tenido los rezagos y cuestionamientos académicos así como los problemas presupuestarios (recortes) muy similares a las administraciones de Guillermo Vargas (1998-2002), Astrid Fischell (2002-2003) y Manuel Antonio Bolaños (2003-2006); parecerían gobiernos de una misma línea educativa y visión recortista pero con una diferencia notable: los gobiernos mepianos de inicio de siglo fueron de corte ideológico Neo conservador, situación que hasta el momento se encuentra contenida en el MEP.
Este último elemento es importante para el análisis: esta administración no ha sido tan Neo conservadora como los de inicio de siglo. Algo más que rescatable en un gobierno que se supondría aliado del fabricismo y los neoconservadores e, incluso, que se pensaba que vendría con una agenda de reformas para retroceder logros educativos. No es hasta ahora que se plantea un viraje neoconservador con la reforma a la conducta mencionada recientemente por la ministra. Tampoco, y eso debe reconocerse, se ha promovido la privatización activa del sistema educativo como se temió con los primeros anuncios de la Ruta de la Educación.
Sobre el tema personal, no podría opinar ni creo que se necesite un análisis. La interacción de la ministra con sus subalternos es un tema subjetivo de las personas interesadas o afectadas. Este tema, en caso de análisis, debería de plantearse desde una mirada más amplia para debatir el sobre castigo que existe contra las mujeres que toman puestos de poder en relación con la forma en cómo se evalúa el comportamiento de sus pares varones.
Queda, pues, un debate esencial: el presupuestario. Pero este merece un apartado aparte.
La mala seleccionada por estrategia.
El tema presupuestario del MEP es el gran tema en al agenda nacional. Los funcionarios reclaman mejoras salariales, estudiantes y comunidades demandan mejoras en infraestructura-equipos y programas de equidad, organismos universitarios-sindicales y sociales demandan el cumplimiento del 8% del PIB. Es el tema que más ataques le han merecido a la ministra y sobre el cual no ha querido, o no ha sabido, responder.
Para Müller se pueden establecer dos momentos terribles de este debate que le hundieron socialmente: el ser la cara visible del intento de recorte del FEES 2022 y las declaraciones sobre no saber de dónde y por qué se hablaba tanto del 8% del PIB para educación. Esos errores de comunicación política le causaron un daño gravísimo a su imagen y a la gestión en el MEP y, al mismo tiempo, permitió usar su figura como tira al blanco por parte del gobierno y de opositores.
Aquí resulta necesario decir lo obvio: ni esta Ministra ni ningún Ministro o Ministra anterior ha tenido más peso, poder y relevancia en la definición del prepuesto educativo que el Ministro de Hacienda de turno. Suponer que el MEP no tiene recursos por una decisión de la Ministra es desconocer los pesos y contrapesos en un Poder Ejecutivo en Costa Rica. Reitero, es el Ministro de Hacienda (en este caso Nogui) quien define si habrá aumento o recortes y quien da la línea básica para acercarnos o no al 8% del PIB. Es cierto, Müller probablemente no ha sido lo suficientemente combativa ni fuerte para pelear contra el Ministro de Hacienda, solo eso ya es motivo suficiente para cuestionarla pero asignarle la responsabilidad del presupuesto es proteger a quien en verdad decidió.
Y aquí debemos decirlo con todas las palabras. Para el gobierno y opositores ha resultado muy útil centrar el ataque presupuestario en Müller pues para el gobierno significa que sea ella quien reciba los balazos mediáticos y sociales mientras se protege a Nogui y él sigue exhibiendo los logros macroeconómicos y hasta los premios que recibe como mejor Ministro de Hacienda. Y para los opositores significa disparar contra el eslabón más débil y golpeado del gobierno, significa poner una cara conocida y deslegitimada como rostro para las cruzadas y facilita la creación de la narración sobre esa «persona mala» que trata de destruir a la educación. Para un ejemplo de este uso, por parte unos y otros, de la ministra, basta con ver lo sucedido en CONARE mientras el Ministro de Hacienda tomaba cafecito bien tranquilo.
Así las cosas, tanto para el gobierno como para opositores ha resulta rentable poner a Müller como la mala y, lamentablemente para ella, la ministra ha sido incapaz de responder y contrarrestar los ataques. Seguir insistiendo en la narrativa de los recortes y vincular a Müller con este proceso es, para los sectores progresistas, altamente dañino pues evita generar conciencia social sobre los verdaderos responsables y libra al poder hegemónico de las responsabilidades sobre la visión de la educación y su destrucción desde los presupuestos.
¿Hay motivos para pedir su renuncia?
Este texto no pretende defender a la Ministra Katherine Müller ni pretende justificar posiciones a favor o en contra de su renuncia al cargo. Pretendía realizar un análisis para ver, en forma más amplía, los cuestionamientos a la administración. Sobre la pregunta final del texto, es claro que existen motivos para pedir la renuncia pero me temo que muchos sectores opositores aún no tienen una amplitud y claridad sobre los motivos para pedir la renuncia y han quedado centrados en lo más superficial del debate así como en la asignación de responsabilidades presupuestarias en la ministra que no le correspondían (aunque admitamos que debió defenderlo de mejor manera).
En lo personal, creo que en las tres categorías (personal, presupuestaria y de gestión de la política educativa) se podrían encontrar motivos para solicitar la renuncia, o no, pero para mí ninguna de esas tres es tan grave, determinante y de impacto a largo plazo como la cuarta categoría (no mencionada en este texto). Por lo hecho en esa cuarta categoría es que yo le pediría la renuncia a ella pero también debo admitir que quien llegue tampoco tendría una respuesta; en otro texto les conversaré sobre esta categoría, la más importante y la que menos discuten opositores y oficialistas.
Saludos,
Dr. César Toruño