Del arquitecto al peón. Realidades curriculares


Hace ya 20 años que recibí mi primera clase de currículo con el profesor Carlos Carvajal, aún recuerdo la presentación que utilizó, en especial una lámina en la que se imponía la semejanza del curriculista con el arquitecto. Tal asociación no era casual, el arquitecto planificaba, soñaba, miraba cosas que los demás no veían, lideraba, etc; cosas que debía hacer el curriculista.

Claro está, esa asociación era producto de una generación dorada del currículo costarricense. El currículo como área académica en Costa Rica tenía menos de 15 años, estaban saliendo los primeros graduados de la Maestría de Currículo de la UCR (creada en 1996) y habían extraordinarios referentes como Pérez, Molina y Carvajal; esto aunado a la nueva visión del currículo proveniente desde la escuela española. ¡Eran tiempos dorados!

Pienso en esa clase, en esa lámina presentada y me pregunto ¿habremos pasado del arquitecto al peón? ¿Será que estamos teniendo una generación de curriculistas con titulaciones en el área pero incapaces de ver más allá de su labor diaria? ¿Será que del arquitecto que conoce sus disciplinas, realiza cálculos, piensa espacial y matemáticamente y que proyecta un abstracto sobre una realidad para transformar a ésta última no queda nada? ¿Será que pasamos de eso a un peón curricular?, es decir, personas que trabajan el día a día, que son capaces de llevar papeles y bloques de un lado a otro, que pueden poner una varilla o cerámica, pero que no logran visualizar más allá de las cosas.

El buen curriculista debe poder ver la realidad de un Ministerio de Educación, centro educativo privado o de una universidad, analizarla y proyectar la construcción de un edificio o una ciudad, debe ser capaz de diseñar incorporando el paisaje, aprovechando la luz del Sol, asegurando el código sísmico, etc. En vez de esto, ahora es más común encontrarse con curriculistas que se limitan únicamente a resolver su pequeña esquina de realidad, no le importa si la casa está bien diseñada, si hay un problema de tuberías o la distribución es correcta, sólo quiere arreglar su esquina de realidad.

Ningún buen curriculista puede iniciar una reforma educativa o reforma de carrera universitaria sin preguntarse sobre el Modelo Educativo, las bases epistémicas, las proyecciones a 5 o 10 años, sin ver la estructura educativa con todos sus componentes; no puede realizar su labor sin ver el horizonte y soñar el camino. Además, no puede construir una reforma o un diseño de una carrera universitaria sin incorporar delimitases del contexto (como CONARE o CONESUP) y sin realizar un pensamiento crítico sobre elementos sustanciales. ¡Diseñar el currículo no es aplicar una serie de pasos como maquila educativa!

El mundo se está transformando como no tenemos recuerdo, la realidad educativa y productiva será en otra en menos de dos décadas y aún hay curriculistas que solo están preocupados por arreglar una carrera, por un creditaje, por si el verbo es correcto o no; seguimos encontrando curriculistas que están sepultados en papeles, ajetreados con pendientes cotidianos y secuestrados por la política apaga incendios. Estamos encontrando curriculistas a los que simplemente se les dice «levante esa pared», incorpore competencias, meta STEAM, cambie el curso, pase a virtualidad, etc; y el curriculista va y lo hace sin pensar, sin reflexionar y sin poder ver el bosque.

Lo anterior no sólo puede ser explicado por elementos personales del curriculista (capacidad crítica, formación, etc) pues también existe un componente de contexto que debe ser analizado por todas las partes. Áreas curriculares convertidas en maquilas académicas, sobre carga laboral, reduccionismo del currículo por parte de autoridades, sistema de regulación de los setenta, por solo citar algunas cosas.

Revalorizar el currículo como una profesión académicamente relevante y de alto nivel intelectual, requiere que nuestro país realice las siguientes acciones:

  1. Selección de futuros curriculistas: no todos los que quieran llegar, deben llegar. Se necesita que los ingresos a los posgrados sean altamente exigentes, incorporando elementos como la presentación de un ensayo previo al ingreso para evaluar las capacidades de argumentación académica y capital cultural de las personas.
  2. Reforma de los programas de maestrías: Se requiere una nueva formación, profundamente teórica y práctica con una estructura de competencias-contenidos renovadora.
  3. Selección de profesores: Así como se necesita mayor exigencia de selección de estudiantes, se requiere una selección de profesores de alta calidad que cumplan con tres criterios básicos: mucha producción científica de alto nivel (evitar las publicaciones sobre didáctica y elementos de aula, tan comunes en nuestro gremio), experiencia en diseños curriculares y especialización en temáticas específicas del currículo.
  4. Generar una nueva cultura curricular: las personas curriculistas deben asumirse como especialistas en un área del conocimiento, por lo que requieren participar de una cultura curricular con sus pares: intercambiar posiciones sobre temáticas específicas del currículo, intercambiar experiencias y artículos del área, participar de foros y congresos, etc.
  5. Revalorización. Las instituciones de educación requieren comprender el currículo como el área pedagógica más importante y, por tanto, iniciar procesos de revalorización que implican: mejora salarial, mantenimiento de equipos especializados en el área, formación continua y distribución de cargas de trabajo que incluya la generación de producción académica reflexiva.

No vivimos nuestra mejor época curricular pero podemos avanzar para la mejora. Tal vez en una década podamos tener una escuela de pensamiento tan grande y profunda como la que tuvo nuestro país en 1930.

Saludos,

Dr. César Toruño Arguedas

2 comentarios

  1. Olvidarse de reflexionar el presente desde la historia es un peligro que transporta de un modo oculto el mensaje de la inevitabilidad y la imposibilidad de transformar la realidad (Torres, 1998, p.24).

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