Es un argentino liderando a la principal iglesia de occidente, es un latino que entre mates y futbol lleva ese sello nuestro, esa personalidad y forma de ver el mundo tan nuestra, tan de nuestro tercer mundo que los otros, los de siempre, han deseado domesticar.
Ese argentino, que unos llaman Francisco y otros su santidad, tiene un discurso de ruptura con viejos esquemas de la alta jerarquía eclesiástica, es un provocador y su lenguaje transmite otras visiones más allá del dogma y la forma religiosa. De sus frases, hay una que destaca: oren por mí.
Oren por mí es una frase que reconoce la influencia de la energía colectiva sobre lo individual y que perfectamente puede ser traducida a otras formas de comunicación no religiosa como «buenas energías», «buenas vibras», «un abrazo a la distancia», etc. Reconocemos, en estas frases, que somos seres sociales y, al mismo tiempo, establecemos un rango de influencia entre nuestros deseos (energías) y el otro.
Oren por mí, ¡qué frase! Dice te necesito, los necesito; dice que no puede salirse solo de todo ni el individualismo salva a nadie, dice que somos una suma y que todos nos influimos. Dice eso y más. Nos dice que somos una cajita de resonancia emocional entre pares y nos recuerda la importancia de pedir-brindar el afecto, la dulce palabra, la buena intención.
Esa frase podría ser eje de una reforma curricular a los programas de educación religiosa en el país; dejaríamos algunas rigurosidades institucionales fuera para hablar de la convivencia, identidad, autoestima, soledad, colectividad, amor, vínculo, presencia y ausencia, entre otras cosas. Y podríamos intercalar esos ejes con otras asignaturas como los Sociales, las Ciencias, la literatura, etc.
Oren por mí podría hacernos coincidir a religiosos y progresistas, a conservadores y liberales, a derechas e izquierdas pues en el fondo hablamos de esa necesidad humana de estar y sentir al otro, de la convivencia y el vínculo, de volver a reconstruir nuestro tejido social. Y ahí está el detalle de cualquier reforma educativa en estos tiempos de revolución tecnológica y capitalismo rampante: lograr una educación que forje para la vida y la convivencia, una educación que evite que caigamos en el aislamiento, individualismo, consumo y desesperanza.
Oren por mí, curiosa frase que un argentino dice y suena universal.
Saludos,
Dr. César Toruño